Por fin soy libre; concretamente a las 15:52 entregaba mi último examen al profesor.
No me ha salido muy mal así que sólo espero que esté aprovado porque este año le he visto las orejas al lobo y no quiero que llegue a morderme.
Pero dejemos ya los exámenes.
¡Soy libre! Y eso se nota en la forma de hacer otras cosas, en la forma de como me siento, sin estres, sin presiones...
Lo cierto es que ya tengo la agenda completa y hoy es mi primera tarde de vageza: mañana voy a ir a la "Mascletà" con unas amigas de clase y aunque no sabemos aún que planes hacer para los demás días sí que hemos quedado.
He vuelto de clase en el transporte público, como todos los días.
Cuando ha quedado un asiento libre me he sentado y en la siguiente para ha subido bastante gente en mi vagón: una niña de seis años que iba con su madre me ha llamado la atención, no tenía nada en especial a simple vista, pero su madre se ha sentado enfrente de mi con su hija y a empezado a leerle un libro que yo había leido hace unos años atrás; cuando tendría más o menos su edad: "Diario secreto de Sussie, Diario secreto de Paul".
No he podido evitar escuchar lo que leia su madre, incluso podía recordar la trama de la historia.
Estaba yo absorta escuchando la historia y recordándola cuando he pensado en el chico que estaba sentado a mi lado. Ya había coincidido otros días en el vagón, parecía buena persona aunque tenía pinta de "macarrilla".
Fue en ese momento cuándo me pregunté cuándo había sido la última vez que habría leido un libro por placer.
Una Adolescente Soñadora Lectora